Henry Luce and His American CenturyPortada de The Publisher
Alan Brinkley
Illustrated. 531 pp.

No es estrictamente un libro sobre periodismo. Se podría decir que es una historia de las causas que Luce defendió en sus publicaciones. Es un libro sobre las luchas políticas de este editor de revistas. También trata sobre sus peleas con los periodistas y sobre las grandes líneas editoriales y las visiones que transmitió a las publicaciones del grupo Time. Pero no encontrará detalles sobre titulares, cierres, números de redactores, etc.

No está dirigido a periodistas. Desde luego, sí hay referencias al estilo periodístico y de cómo Henry Luce infundía un lenguje pintoresco en Time. Él fue el inventor, como Shakespeare, de muchas palabras del inglés moderno como Tycoon

Se encuentran relatos de las relaciones de Luce con el comunismo, con Eisenhower y con diversos pensadores y políticos. El autor conoce el valor de la personalidad y del estilo; de la línea editorial de una publicación. Desde luego, no aborda para nada en detalles financieros o empresariales de las empresas de Henry Luce. Resulta paradigmático que a los cincuenta años el fundador de una compañía tuviese tan poco poder en la empresa. Poco después de comenzar, Fortune era una revista empresarial con tintes bastante comunistas. No era eso lo que Luce pretendía.

Es una biografía de las llamadas cabezonas. Se dedican muchas páginas a la infancia, sobre los primeros años del editor. Años que pasó en colegios y universidades. El autor resalta la ironía de la conexión de Henry Luce, una persona de muy refinada educación, que conectó singularmente bien con todo tipo de públicos. Sus revistas, Time, Sports Illustrated, Life, alcanzaron tiradas muy numerosas.

Esta es la reseña de The Publisher que publicó The New York Times

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Katharine Graham
568 páginas
Alianza Editorial, S.A.

Katharine GrahamKatharine Graham, heredera del Washington Post, narra en este libro sus memorias desde su nacimiento en 1917 hasta 1998. Esta obra recibió el Premio Pulitzer. Graham es una de las responsables de la publicación de la investigación de Watergate y en 1971 de los papeles del Pentágono.

La obra no es un análisis profundo sobre el mundo del periodismo. Graham tampoco elabora un análisis especialmente brillante de los años que vivió. Su fama se debe sobre todo a la suerte. Ella misma lo declara. La primera gran virtud del libro es la sinceridad de la autora, sinceridad acompañada de una humildad desconocida en la profesión periodística. La autora americana reconoce errores y descuidos. Desde luego, es el contrapunto ideal para las memorias de Benjamín Bradlee, el director del periódico durante una de sus épocas. Bradlee desparrama la arrogancia de que carece Graham. La editora es la única persona de todos los protagonistas, que reconoce que parte del éxito de la publicación de las noticias sobre el Watergate, se debió a la fortuna y que ellos se limitaron “a poner un pie después del otro”.

Benjamín Bradlee es uno de los personajes que desfilan por el libro de Katharine Graham. De hecho, la autora sólo empieza a hablar en serio de sí misma, desde la fecha en que se suicida su marido en 1963. Hasta entonces, el libro es una biografía, primero de su padre y después de su marido, sus antecesores al mando del periódico. Graham toma protagonismo hacia la segunda mitad de la narración. Cuenta la historia del periódico a través de los personajes con los que se encuentra. La historia está muy documentada y conserva multitud de cartas. Entrevistó a 250 personas para escribir el libro. Quizá sea difícil encontrar otro sitio que narre con tanto detalle las dificultades que encontraban las mujeres para ejercer el periodismo y formar parte de organos de decisión.

Lo cierto es que Katharine Graham sólo habla de asuntos cercanos a ella. Se pueden encontrar consejos sobre periodismo procedentes de su sentido común y experiencia. Entre ellos, que no se negocia con las noticias para conseguir avances sociales o que los periódicos no deben apoyar a un candidato en unas elecciones. No creo que sea una buena idea leer un libro tan largo para aprender esas cuatro o cinco enseñanzas que contiene sobre comunicación. Yo diría que le sobran páginas y que lo relativo a su niñez no es muy relevante. Se puede sobrevivir sin saber a qué jugaba con sus amigas en el colegio por muy ganadora del Premio Pulitzer que haya sido.

La segunda gran virtud Una historia Personal es el orden. La narración es previsible, líneal y cronológica. Graham no es muy brillante. No hay una sola frase de calendario en las 568 páginas del volumen. Pero es clara, precisa y rigurosa,

· La crítica de Una Historia Personal que ha publicado Aceprensa·
· Aquí Está es otra reseña del Libro Una Historia Personal (Agapea)
·Comentario de Una Historia Personal de Ojos de Papel

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Una biografía de Walter Lippmann
Ronald Steel
Cuadernos de Langre, 2007
672 páginas

Es la larga y minuciosa historia de un opinador de éxito, el opinador de más éxito del siglo XX. Él propio Lippmann dice que un periodista “no es una institución pública ni un núcleo de influencia y liderazgo; es un reportero y comentarista que expone ante sus lectores sus hallazgos acerca de asuntos que ha estudiado y que no va más allá. No puede abarcar el universo, y si empieza a pensar que ha sido llamado para cumplir esa misión universal (…) pronto acabará diciendo cada vez menos sobre cada vez más cosas hasta que al final hablará de todo sin decir nada” (pag. 411) Con esto retrata lo que él mismo había estado haciendo desde que se incorporó al periodismo. Lippman es un hombre que después de hacer todo lo posible para que Estados Unidos entre en al Primera Guerra Mundial se encarga con todas sus fuerzas de librarse del reclutamiento para combatir en una batalla real.el periodista y el poder walter lippmann

Yo no sabría si decir si Walter Lippmann es un periodista. Como otros personajes del mundo de la prensa, cocinó candidatos para presidente, participó en campañas, escribió discursos, se entrevistas…Es muy difícil distinguir entre la realidad que el retrataba y la realidad que él, sus amigos y círculo de influencia creaban. Hacía política desde el periodismo y desde los salones.

Quizá el mejor resumen de lo que es un columnista lo hizo “Quien haya llegado tan alto como para que se le encargue la redacción de una columna fija, o bien no necesita ningún consejo, o bien tiene ( o pronto llegará a tener ) un ego que le impedirá aceptar consejos… “ (Bob Casidy)

Puede que Lippmann aprendiese y dejase la lección escrita. “porque ya no me encuentre cerca del trono del príncipe ni me encuentre cómodo en su Corte. Mi larga experiencia en el periodismo me convenció, hace ya muchos presidentes, de que debe existir una cámara de aire entre un periodista y el jefe del Estado. Habría que esculpir esta frase en el National Press Club: ‘Desconfiad del príncipe’. Son poquísimos los príncipes que saben encajar la más mínima crítica y son pocos los que toleran que se les deje de adular” (Pag 609) (conferencia en 1966).

El libro es una minuciosa biografía de Lippman y junto con él se descubre la historia política desde 1917 a 1970. Lippmann analizó los grandes acontecimientos del siglo XX y junto a él se pueden recorrer y conocer mucha profundidad.

No espere un libro sobre periodismo o comunicación pública. El título es suficientemente expresivo, Walter Lippmann se ocupó sobre todo de influir en el poder. Sus lectores, los medios, la profesión de la información no es el tema de este volumen. La personalidad o estructura de los periódicos en los que Lippman intervino. El tema del periodismo es secundario para el autor. Quizá lo fuese también para Lippmann, que no obstante, es el autor de Opinión Pública y un gran teórico de la información que no estuvo en ninguna Guerra realmente.

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David Randall
Siglo, segunda edición, 2008
361 páginas

Es el mejor manual de periodismo que he leído. Es más, es una colección de consejos sobre cómo escribir investigaciones muy lograda. Las frases tienen una precisión tremenda y exquisita. Por todas partes resalta el interés por los lectores. A cualquier periodista, le puede costar unos cinco años adquirir esta experiencia. Después de leer este El Periodista Universal , la mitad de las noticas que vea en un telediario español le parecerán una chapuza.

La riqueza de las anécdotas con las que ilustra cada consejo es de biblioteca. A veces, estas anécdotas son de lo más pintoresco. Por ejemplo, el relato original del vuelo de los hermanos Wright publicado en 1903 en el Virginian-Pilot contenía 33 errores, según reconoció el mismo diario en 2003. Errores que han sido reproducidos en gran cantidad de ocasiones. Además, de anécdotas de errores garrafales, el libro está lleno de citas sarcásticas. “Los periodistas hacen preguntas tontas. Miran hacia el sol y te preguntan si está brillando” (Sonny Liston); “por lo visto, los periódicos no son capaces de distinguir un accidente de bicicleta del hundimiento de una civilización” (George Bernard Shaw). Junto a ello, recoge gazapos hilarantes: “Prófugo con una sola pierna huye a la carrera “ (The Australian) ; “Desaparece la mujer más delgada del año” (Daily Mail) ; ”Tras el asesinato de una mujer concluyó una fiesta” (Mooresville Tribune); “Algunos adolescentes muestran un aire desafiante” (Washington Post).

El Periodista Universal es muy detallado. No es un libro de teorías sino de consejos. Por ejemplo, llega a especificar qué tipo de libretas hay que usar para una entrevista. Dedica un apartado a explicar la mejores tacticas para buscar en Google. Otras páginas están dedicadas a las matemáticas y la estadística. No son los párrafos más divertidos y para un bachiller resultan de perogrullo, pero muchos periodistas harían bien en repasarlos.

Randall es un reportero y editor con mucha experiencia y conocimiento histórico. Previamente ha escrito el libro “Grandes Reporteros”. Quizá el mejor consejos de todos es que hay que tener cuidado con los redactores jefe. Las advertencias sobre Internet valen oro. Pero a la vez, es un autor con personalidad y desaconseja muchos de los clichés del periodismo. Reconoce muchos de los vicios de periódicos y revistas.

No es que los periódicos sean siempre unos miserables según Randall. Cuando aconseja rectificar, trae a colación el ejemplo del New York Times. En 1920 el rotativo ridiculizó a Robert Goddard por afirmar que los cohetes podían funcionar en el vacío. En 1969, en un ejercicio de documentación, de memoria y de modestia, el New York Times pidió perdón a sus lectores por sus afirmaciones sobre las tesis de Goddard. “El Periodista Universal” también es una buena historia de la prensa

Es un libro para gente que quiera hacer las cosas bien, para aquellos que, en palabras del autor para quien ha comprendido que la vida es mucho más divertida si se nos da bien hacer lo que hacemos” (Pag 344) Es original y tiene personalidad. Muchos llamarían a Randall perfeccionista. Pero aquí encontrará recetas, virtudes y aptitudes para elaborar textos o guiones más que decentes. No son recetas solamente. Requieren esfuerzo.

Aunque yo no estoy de acuerdo con Randall en que haya que ser una persona tan obsesiva o con tanto ego para ser periodista. Hay periodistas o creadores de contenidos que son personas normales. Los principios éticos en que se basa no son muy sólidos.

Capítulos Principales
Cómo debe ser un buen reportero – Las limitaciones del periodismo – Lo que es noticia – ¿De dónde proceden las buenas noticias? – La Investigación -Controlar las fuentes , que no sean ellas las que nos controlen – Las entrevistas – Información sobre cifras y estadísticas – El periodismo de investigación – La cobertura de sucesos importante – Errores, correciones y engaños – Ética – Escribir para los periódicos – Las entradillas – La construcción y la descripción – Cómo usar las citas – Diferentes formas de contar una historia – Los comentarios deliberados o involuntarios – Cómo ser un gran reportero – Lecturas para periodistas

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Indro MontanelliIndro Montanelli
Testimonio recogido por Tiziana Abate
RBA Bolsillo (2010)
272 páginas

Es imposible encontrar referencias personales a Indro Montanelli en esta biografía recogida por Tiziana Abate. El famoso periodista italiano sólo hace referencias a sí mismo para mofarse hasta de su sombra. Tiziana Abate cuenta que Montanelli le hizo deshacerse de ciento cincuenta páginas de testimonios personales cuando corrigió sus textos. Por ejemplo, sólo una vez hace mención a su esposa.

“La prensa no habla de sí misma”. Es uno de los aforismos preferidos de la profesión. Cualquier lector que se acerque a estas páginas aprenderá mucho más sobre el oficio. Pero Indro Montanelli no es un director de medios de comunicación, es un retratista de personas. Pinta a sus personajes con frases lapidarias. Tiene frases para humanos, partidos políticos y países Por ejemplo. “las nociones financieras de Piovene no iban más allá de la correcta redacción de un cheque” o “los españoles son unos anarquistas que a veces se creen comunistas” . Indro Montanelli en sus memorias habla de la gente con la que se ha encontrado durante su vida: Franco, Mussonlini, Hitler… Pero no sólo grandes personajes, por el libro de Indro Montanelli desfilan un montón de personas que para otro no hubieran tenido importancia, porteros de edificio, militares, periodistas.

Habla sobre los italianos y sobre Italia, su gran amor. Es un apasionado de Italia. Hay que conocer los hechos y las historias de las que hablar, para entender de qué trata el libro. Más sabiendo que es una biografía mucho más escueta al principio que al final. Al final los hechos son más cercanos y el castellano atroz.

Es un narrador ameno y claro. El libro es muy interesante. Quizá sea cierto que Montanelli sea un periodista muy político, interviene en los asuntos públicos del país y toma partido. No es un imparcial. Usa cientos de adjetivos. No es un libro sólo sobre periodismo y periódicos.

Otra sinopsis distinta de la mía

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